Animales Enfermos: Filosofía como terapéutica (Diana Aurenque Stephan)

Animales Enfermos: Filosofía como terapéutica (2022)

Diana Aurenque Stephan

Fondo de Cultura Económica

ISBN: 9789562892513       

239 páginas

 

por Rodrigo Cáceres

¿Qué es la salud? ¿Existe un estándar único de lo que es sano o saludable? ¿Qué es la enfermedad y qué rol juega en nuestras vidas? Diana Aurenque nos invita a reflexionar sobre éstas y otras preguntas desde el ámbito de la filosofía, enseñándonos que el pensar sobre la salud no se ciñe únicamente a lo que tengan que decir médicos y profesionales de la salud. Según Aurenque, la filosofía tiene mucho que enseñarnos sobre la práctica médica, en especial arrojando luz sobre la manera en que entendemos conceptos básicos como los de ‘salud’, ‘enfermedad’ y ‘sufrimiento’, permitiéndonos evaluar en qué medida nuestras nociones de lo sano y lo enfermo se ajustan a los modos en que distintos grupos y comunidades realizan (o no) su salud propia.

Su principal fuente de inspiración proviene del filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900), a quien intenta revitalizar como el filósofo médico por excelencia. Con esta cita inicial condensa el argumento que sigue a lo largo del texto:

“…Porque no hay una salud en sí, y todos los intentos de definir algo así han fracasado estrepitosamente. De tu finalidad, de tu horizonte, de tus fuerzas, de tu impulso, de tus errores y especialmente de los ideales y fantasmas de tu alma depende la determinación de qué habrá de significar salud, incluso para tu cuerpo. Hay por lo tanto innumerables saludes del cuerpo; y en cuanto más permita levantar de nuevo la cabeza a lo singular e incomparable […] tanto más tendrá que desaparecer también para nuestros médicos el concepto de una salud normal, junto con el de una dieta normal o el del proceso normal de una enfermedad.” – F. Nietzsche.

En esta magnífica cita se concentra buena parte de las reivindicaciones de Nietzsche que Aurenque quiere recuperar. Nietzsche privilegia lo singular, lo particular, lo concreto, aquello que está sujeto al cambio y la variación; mientras que rechaza con gran fuerza las abstracciones y generalizaciones metafísicas que desde los inicios de la filosofía se han instalado en el pensamiento, las “momias conceptuales” que son ajenas a la vida y que nos darían, por ejemplo, una “salud en sí”, es decir, un concepto único que homogenice distintas formas de vivir la salud en torno a un estándar de ‘normalidad’.

Me parece que este es un punto clave del libro: la pluralización del concepto de salud (Capítulo 6). Por esto se entiende que la salud es un fenómeno plural o diverso que se define de acuerdo a las peculiaridades y ‘nimiedades’ de la persona, y no de acuerdo a un estándar genérico y abstracto de lo que es la salud. La autora nos muestra que, por ejemplo, ciertas comunidades como las de sordomudos o personas con síndrome de Down no se perciben a sí mismas como discapacitadas o deficientes, sino que se viven a sí mismas como personas sanas. Más precisamente, su modo de ser les permite tener sensibilidades y capacidades que la mayoría no tiene y desde ese lugar tienen un espacio para realizar su propia salud. En simple, la salud es siempre la salud de alguien y de cómo ese alguien la significa.

Otro de los méritos de este libro, y que es complementario con el argumento recién visto, es la deconstrucción que realiza de los conceptos de ‘naturaleza’ y ‘normalidad’ (Capítulo 7). Aurenque argumenta que, desde la antigua Grecia, el concepto de naturaleza (phusis) se ha entendido con una función normativa o regulativa, pues la naturaleza de algo se ha interpretado como aquello que determina o norma su comportamiento. Por ejemplo, es conocido que Aristóteles justificaba la esclavitud por la existencia de un ‘orden natural’ en que algunos estaban hechos para la vida política y otros para servir como esclavos. Según Aurenque, esta función normativa o moralizante no es legítima en cuanto (i) no corresponde con la nueva cosmovisión darwiniana en que los propósitos y la moralidad desaparecen de la ‘naturaleza’, y (ii) en cuanto es un impedimento para pensar la salud desde una perspectiva plural y desacoplarla de la tiranía de la normalidad, que “se presenta como un concepto retrógrado, tirano y esencialmente injusto” (p.125).

Un último mérito es la claridad en su escritura para presentar temas profundos en un lenguaje abordable y aterrizado. Para quienes tenemos experiencia leyendo a ciertos filósofos, resulta un agrado poder sentir el esfuerzo de hacer que los mensajes lleguen de forma clara.

En cuanto a los límites del libro, resulta bastante raro que después de una lectura profunda a Nietzsche y su crítica a la metafísica, Aurenque recurra a la metafísica para proponer una caracterización esencial de la condición humana definiendo al ser humano como el “animal enfermo”, que le da título a su libro. Asocia al animal enfermo a varias cosas: a “una condición originaria de carencia” (p.51), a la “imposibilidad que tiene de orientar su existencia por vías puramente naturales” (p.52), a que “su esencia es un construirse” (p.54), a ser “seres posibles e indeterminados” (p.61) y a ser “deficitarios” (p.127). No queda claro por qué recurre a la creencia en las esencias de la que Nietzsche tanto renegó. Si el punto es avanzar que los seres humanos tenemos una dimensión constitutiva asociada a la salud, que tenemos carencias, límites y dependemos de un medio técnico-cultural, estos temas se sustentan por sí solos y no requieren de una metafísica para volverlos esenciales. Si bien el “animal enfermo” es el tema que le da título a esta obra, no se percibe como un buen hilo conductor entre los distintos capítulos.

Por otra parte, el gran faltante es el tema de la salud mental, el cual no se aborda en absoluto y la autora no indica por qué razón no lo tematiza. Quizá tenga que ver con que la autora se mueva en la dualidad biología/fenomenología, por lo que las discusiones sobre salud no-biológica tienen un carácter existencial y no psicológico en el sentido clínico. Tampoco se discute cómo las instituciones y el capitalismo afectan la salud de las personas, aunque es un tema que ha sido bien discutido en otras obras.

Otro faltante es el tema de la salud desde una perspectiva ecológica, es decir, cómo nuestra salud depende de los ecosistemas vivos de los que formamos parte y de nuestra relación con ellos. Se habrían apreciado referencias a las concepciones de salud de los pueblos indígenas, en que esta dimensión ecológica suele ser indisociable, o bien a lecturas en corrientes como la ecopsicología.

Otro reparo es que, dado que Aurenque recurre bastante a la antropología filosófica, cae en los especismos típicos de esta corriente, en donde se delimita al ser humano respecto a lo que los animales supuestamente ‘no tienen’. Afirmaciones como que los animales no tienen consciencia de su eventual muerte, que son ‘pobres de mundo’, entre otras, son más fruto de prejuicios propios del especismo histórico de Occidente y la realidad es que no están basados en evidencia. Al contrario, las evidencias en etología indican con cada vez más claridad que la inteligencia y capacidad conceptual y comunicativa de otras especies no tienen mucho que envidiarle a la intelectualidad humana.

 

También se habrían apreciado algunas informaciones sobre la enfermedad de Nietzsche. Es al menos curioso que el llamado ‘filósofo médico’ era una persona con una salud sumamente delicada, padeció de terribles jaquecas durante toda su vida y progresivamente fue perdiendo sus capacidades cognitivas hasta llegar a la demencia. También es sabido que Nietzsche era un consumidor habitual de opio para aliviar sus dolores, y según el filósofo Peter Sjöstedt-H, consumía dosis con efectos psicodélicos y otras sustancias modificadoras de la consciencia [1]. En otras palabras, resulta muy interesante redirigir estas reflexiones hacia el filósofo mismo y preguntarse cómo éste realizaba su penosa salud apoyado con drogas y sustancias psicoactivas.

Con todo, se aprende mucho leyendo esta obra, tanto desde aquello con lo que uno está de acuerdo como con las limitaciones. Reflexionar sobre la salud es algo muy imperioso en nuestros tiempos y Aurenque nos propone un profundo recorrido por un tema realmente vasto, abordando distintos aspectos de nuestra salud, enfermedad y organicidad.

 

Notas

 

[1] Sjöstedt-H, P. (2015). Antichrist Psychonaut: Nietzsche’s Psychoactive Drugs. Psychedelic Press Journal, 12. https://philpapers.org/archive/SJSAPN.pdf

 

 

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