Publicación y prólogo del poemario “Cuando espero ni una brisa” de Tanchi (Cristián Villalobos Garnham)

 

 

Walt Whitman escribió que “aquel que camina una sola legua sin amor camina amortajado hacia su propio funeral”.

Parece fácil escribir enamorado, ya que todos lo hacen, lo hemos hecho, lo difícil es hacerlo en forma personal, más rica, más expresiva que los demás. Hacer del poema de amor una experiencia nueva, inolvidable como el amor mismo. Hacernos sentir el orden y el caos simultáneamente, pegados a él y lejos, como lo hace Cristián Villalobos con tanta facilidad, retratar el amor tirano, el cruel, el dulce, el carnal, el permanente, el caníbal, el sacrificado, que cambia de forma, de intensidad, pero no desaparece nunca.

En una primera lectura creí percibir una influencia de la poesía japonesa en Villalobos, la brevedad, la palabra exacta, el símil, la sorpresa. En la segunda lectura, por el gran placer de separar los huesillos, volví a sorprenderme y es que lo que terminó por admirarme fue lo económico que puede ser una gran intensidad y que la extrema brevedad puede ser más expresiva que la avalancha de palabras cuando viene acompañada de la precisión y la gracia.

Alejandro Sieveking

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