Sueño lejano (Lilian Flores Guerra)

Sueño lejano (2020)

Lilian Flores Guerra

Ediciones del gato

ISBN: 978-956-402-283-3

 

Sueño lejano es una antología de cuentos de la escritora y editora Lilian Flores. En sus once relatos se vislumbran dos grandes temas: por un lado una visión apocalíptica del mundo, posterior a una suerte de colapso mundial y por otra parte, el desarrollo de la vida adulta y el fin de las ilusiones más cándidas con el devenir de la madurez, el choque con la realidad y el reacomodo de las pretensiones juveniles al contrastarse con las posibilidades que entrega la vida.

Como parte de la serie de cuentos ambientados en un mundo distópico están los cuentos “El bolso de Rosaura” y “Al tercer día”. En el primero se nos relata la escena del escape del momento de destrucción y caos: aparentemente una nube ponzoñosa se avecina sobre la población. La protagonista corre a guarecerse a un búnker, mientras ve niños y gente conocida que queda al escampado para enfrentar el terror de lo desconocido, aquello a lo que no termina de darse forma, mientras en paralelo en Sudamérica se enfrentan la facción fascista (la alianza argentino-brasilera) contra la indigenista (Chile, Perú y Bolivia). En “Al tercer día” vemos a una mujer vagar entre las ruinas de su casa, interpretando la destrucción de su entorno desde una visión religiosa, evangélica, mientras espera la venida de dios, entre las ruinas donde yace su marido muerto.

Por su parte, en “El sonido del trueno” la narradora es una especie de periodista deportiva. Al tiempo que comienza un triatlón se entera que en el palco de honor han disparado a la princesa. Ello nos transporta a un mundo paralelo y nos fuerza a pensar si seguimos en ese mundo posapocalíptico e inestable del que ya nos ha hablado el resto de los relatos.

“—Le dispararon a la Princesa —dice y tardo unos segundos en comprender.

Sigo andando junto a él en silencio. No tengo miedo, aunque imagino que los acontecimientos podrían tomar un inesperado curso, incluso bélico. Sé que lo prudente es salir del país lo antes posible.”

La misma línea sigue “El viaje de Eloísa”. Una niña viaja por Chile, sola. Va escondida por los caminos, metiéndose en las casas que parezcan vacías para conseguir comida. Viaja por meses en dirección a la casa de su abuela.

Chile se ha vuelto un país desolado y desalmado, pero esta serie de relatos no ofrecen explicaciones que permitan abarcar los vericuetos de la realidad que se presenta. Todo resulta ambiguo, y produce un desacomodo de la realidad, especialmente porque se encuentran situados territorialmente en Chile, por lo que hay un juego entre lo doméstico y la extrañeza.

Una línea diversa siguen: “La piel de mis manos”, “Medias negras”, “Después de seis años”, y “Sueño lejano”. Tal como en los anteriores, son protagonistas femeninas que se sitúan espacialmente en el Chile actual. Los cruza la sensación de sueño malogrado, de algo que se rompe. “Después de seis años” —el relato probablemente mejor logrado en este sentido— cuenta la reunión de un grupo de excompañeras del colegio, en el que supuestamente se pondrán al día de las vidas de cada una, pero que prontamente parece transformarse en un check list de logros, en una competencia de a quién le ha ido mejor. En conjunto, unos y otros relatos, vislumbran el acceso a una madurez que no resulta muy habitual en nuestras letras. Todas las protagonistas son mujeres adultas, independientes, que ya se dieron cuenta hace un rato que no necesitan a nadie a su lado para forjar su propia vida y, sin embargo, esa vida que están haciendo con sus propios méritos está muy lejos de la vida que imaginaron o esperaron cuando eran jóvenes. En todas ellas se ha corrido el velo de la más torpe inocencia, una inocencia que campea en nuestras letras, en publicaciones más juveniles, y en ese sentido, en esa madurez, la apuesta de Lilian Flores es donde encuentra un espacio que ha sido poco explorado y que a la vez resulta igualmente interesante.

“La deuda terminó por desangrarme. Cuando ya no había nada que me sacara del abismo hasta ofrecí devolver el departamento, perdiendo el capital acumulado en diez años de pagos, pero los del leasing se negaron. Entendí que su estrategia era sepultarme en la morosidad para así meterme un juicio, quedarse con el inmueble y dejarme atada a otra deuda por los gastos del proceso de cobranza.”

Las mujeres de estos relatos luchan sin aspavientos contra las mierditas cotidianas. Contra las cuentas impagas y los trabajos que no se concretan. Con los sueños que se transforman en absurdos y la desilusión que no llega solo porque los sueños se han abandonado o cambiado por otros más alcanzables, tal vez menos ambiciosos, como si de ese cambio de “lo deseable” por “lo posible” fuera un estadio de la adultez que imprescindible de alcanzar. Algo que llama la atención de este cúmulo de personajes femeninos es su casi absoluta falta de sororidad: son mujeres muchas veces en pugna con otras mujeres, que solo en ocasiones particulares se apoyan, pero que eso también puede estar sujeto a cambios. La posición más normal de unas con otras es la de la competencia por ciertos espacios o estatus. Es curioso porque resulta en algo poco calculado, dado los tiempos, y que va muy de la mano con el tono de sus relatos, en que hay una forma de desilusión pequeña, doméstica y constante que ha caído sobre la vida, y como tal, para efecto de estos relatos funciona muy bien.

Tal vez el punto bajo de este conjunto, como antología, es la reunión de dos ramas tan disímiles en temática una de otra. El mundo posapocalíptico versus la adultez en su versión femenina. Hay una ligazón que no termina de producirse, y no porque una serie de relatos funcione y la otra no, sino que puestos así, en conjunto y entrelazados, y al margen de la calidad individual de cada uno, no se produce una real cohesión o sensación de conjunto. Más todavía, porque el mundo que realmente abre Lilian Guerra, que resulta verdaderamente curioso y, diríamos poco explorado, no es aquel que adelanta una visión de futuro, fantástica a ratos, sino que es ese que muestra a una mujer madura, con los miedos, renuncias, sueños y fortalezas de adulta, y que sigue luchando contra un sistema, un medio y forma de ver el mundo, y contra sus propios sueños juveniles y metas que esperó cumplir. Es en esa serie temática de relatos donde este conjunto brilla especialmente y adquiere mayor profundidad, no solo en cómo explora las anécdotas sino que, por sobretodo, en la espesura de sus personajes femeninos, ajenos a cálculos, humanos por sobre todo, con errores y cargas. Es en ese momento donde el sueño se vuelve realmente lejano, y es transmitido con mayor crudeza al lector.

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