El extranjero (Albert Camus)


Reseña remitida por:
Joaquín Pérez
El extranjero (1942)
Albert Camus (1913 – 1960)
Editorial Planeta (edición especial para la venta junto al diario La Nación)
146 páginas
Precio referencial: $4000
Dije que me era indiferente, y pareció quedar contento (pág. 40)
Esta novela es tanto una obra excepcional como también intrigante. Resuena cada frase, cada pequeño diálogo que el protagonista establece con su entorno, y sus características psicológicas revitalizan el cuestionamiento hacia la existencia del hombre. Vive lo cotidiano y nada pareciera importarle más que su indiferente rutina, pero sin embargo, y anteponiéndose a todos estos sino, El extranjero resulta ser una persona común a su época.
Muere su madre y pareciera que no le importa. Comienza una relación al día siguiente con un amor inconcluso y le resulta indiferente si se casa o no con ella. Entra a un juicio por el crimen contra un árabe y no representa mayor entretención para él. Y sin mediar mayor palabra, es condenado a la pena máxima conteniéndose en su andar caluroso.
Esta es, en resumidos actos, la trama de esta novela que se nos presenta como la mayor obra realizada durante el periodo de la Segunda Guerra Mundial en la Francia ocupada. Su autor fue un escritor que, ahondando en los problemas de su tiempo, consignó en variadas obras el temor que sentía frente a una sociedad en extremo racional que claudicó lo azaroso por la extrema sapiencia. Divagar en el mundo, errante, sin más camino que el que se percibe por la vista, fueron temas pasados, románticos —si se quiere de esa forma— de épocas que su legado fue difuminando. Ahora la vida y la existencia misma del ser se ha vuelto absurda, llana en todas sus formas, y ha creado una nueva mirada del hombre que se aleja de lo que fue en algún momento lo bello.
Camus nos muestra como el hombre se convierte en un ser, casi inanimado, sin capacidad propia de considerar los aspectos nuevos del destino, así como sus tragedias. No existe en este nuevo hombre la capacidad de digerir cada emoción en sus tiempos precisos y comportarse de la manera en que la mayoría esperaría que se comportase. Y para aquello, Camus nos presenta a un personaje que se enfrenta a tres dramas importantes que sufre todo hombre —y toda mujer también— a lo largo de su existencia: uno de ellos es la muerte de la base de apoyo, del nido, del sostén ante un mundo desconocido: la muerte de su madre. Él, como si su cansancio fuera más fuerte que el dolor que debió de sentir, dice a su abogado…
Le expliqué que tenía una naturaleza tal que las necesidades físicas alteraban a menudo mis sentimientos. El día del entierro de mamá estaba muy cansado y tenía sueño, de manera que no me di cuenta de lo que pasaba. (pág. 81)

El otro drama es en torno a la filiación con otra persona, a la génesis de la unión familiar, o a la finalización del desarrollo completo del yo por sobre el desarrollo del nosotros: el amor. María, una antigua colega, volvió a encontrarse con nuestro protagonista, quien, desde el primer momento, comenzó a desearla y a disfrutar los instantes con ella, pero su desinterés por el matrimonio y el dejo que en ocasiones demuestra hacia esta mujer impactan.
     Y el último de los dramas, que genera el clímax de la obra, es la muerte. Existen dos muertes en la obra, la del árabe en manos del protagonista, y la de este mismo en manos de la justicia. Como si pareciera repetitivo, el nivel de interés que tiene nuestro héroe es ínfimo ante una situación extrema como las que vive. Causa la muerte del árabe por el calor del día y luego no presiente mayor temor por su propio perecimiento que el de no poder vivir más.
      ¿Resulta lógico un razonamiento así suponiendo la importancia de los tres elementos centrales en esta obra, y en la vida del protagonista? El dejo de estos ¿es síntoma de un racionalismo exacerbado que permite conocer los mayores misterios que ofrece una vida por muy miserable que esta sea, conociendo de antemano el desenlace de estos y con ello la fascinación por lo nuevo que puede venir? Son preguntas que, por muy difícil que resulte el intento de responderlas, hace el autor de tan grandiosa obra. A pesar de su corta extensión, plantea estas grandes interrogantes en frases certeras, concisas pero llenas de cuestionamientos a una época devastadora para el mundo occidental. Su lectura es una necesidad y su análisis una obligación.
Albert Camus
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