Prueba de sonido (David Ponce)

Prueba de sonido (2008)
David Ponce
Ediciones B
ISBN 9784563040517
437 Páginas
Precio Referencial .Cl $14.000

 

El periodismo musical consiste en gente que no sabe escribir, entrevistando a gente que no sabe hablar, 
para gente que no sabe leer.
Frank Zappa.
David Ponce es un hombre ligado a la música; un crítico chileno con una reconocida trayectoria. Estuve dándole un par de vueltas a Internet en búsqueda de mayor información sobre el autor; en alguna entrevista se plantea que él no pretende, como crítico, decir lo que es bueno o malo en materia musical, sino que está más interesado en contar las historias de los grupos, las bandas. Este libro es un testimonio de aquel hecho que, dicho sea de paso, no me consta que provenga de palabras del autor, a quien no conozco más que a través de este libro.
¿De qué va Prueba de sonido? Más que la historia narrada de los inicios del rock chileno —como podría uno erróneamente pensar— es una suerte de documental escrito, o compendio de bandas y entrevistas a sus integrantes. Un libro con los datos de de todas aquellas bandas emblemáticas —y no— que fueron parte, en mayor o menor medida, de la creación y los siguientes pasos primerizos en esta área de la música chilena. La historia va desde el nacimiento del rock en Chile, que en este libro se le ubica principalmente en el puerto de Valparaíso, hasta el año 1984, con la creación del grupo Fulano y la aparición de Los Prisioneros como estandarte popular del Rock. Sus páginas están plagadas de extractos de entrevistas, frases sueltas, una que otra anécdota entretenida. No hay análisis musical alguno —o no se centra en ellos al menos— ni tampoco, a través del autor, podemos ir descubriendo cuál es la evolución precisa en cuanto a sonoridad entre un grupo u época y otro. Sí tenemos subdivisiones estilísticas: los primeros años del rock, metal, jazz; subdivisiones que también parecen responder a la entrada de músicos a esos diferentes estilos.
 
Portada disco grupo Aguaturbia, lanzado en el año 1970,
causando escándalo en los sectores conservadores
por el desnudismo en su carátula.


¿Qué es lo bueno de este libro? Su innegable valor como documento, como testimonio histórico, el arduo trabajo que refleja en sus líneas, las que  evidencian que seguramente, por meses y años, hubo de recopilarse información, hacer entrevistas, buscar a aquellos actores protagónicos. ¿En qué queda en deuda este libro? En la falta de un narrador que funcione a la vez como facilitador, como contador de aquella historia que nos está tratando de mostrar, que nos logre traspasar aquel mismo encanto que sin lugar a dudas él mismo siente al abordar este tema. Y, en fin, no es la suma de anécdotas lo que podría conseguir esto, sino que el saber narrar, actividad ni tan simple ni tan espontánea como podría pensarse.
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