La inútil perfección y otros cuentos sepiosos (Andrés Montero)

La inútil perfección y otros cuentos sepiosos (2011)
LOM Ediciones
ISBN: 9789560003041
Andrés Montero Labbé (1990 – X)
118 páginas
Precio referencial: $5.540
Andrés Montero nació en 1990, es decir, actualmente tiene 22 años. Cuando tomó el computador (sin dudas el computador) y se puso a juntar palabras era aun más joven; mucho más joven que varios escritores renombrados, quienes recién empezaron a ser mencionados cuando ya llevaban cuatro décadas sobre este mundo. Todo esto basta para preguntarse si quizás sea lo mejor salir a la luz cuanto antes, perfeccionarse siendo ya publicado o guardarse hasta cuando el destino tire la primera piedra. En este caso, la primera publicación, de mano de la editorial independiente LOM Ediciones, dio paso a una recopilación de ficciones creadas en un lapso de unos tres años.
Este libro, la opera prima de este joven autor chileno, posee trece cuentos de diversa índole, todos especiales en su trama. En la “La inútil perfección”, por ejemplo, se hace mención al proceso de la escritura, en el poner una palabra tras la otra, después removerla y adherir otra a la anterior, etc., todo combinado con la ficción de un joven escribiendo, fumando y tomando café en su habitación. También está la historia de un hombre que cree reconocer a un amor de años, sin saber lo que realmente está pasando. O el drama de un crimen, un asesinato que se cometió en una atmósfera de cotidianeidad sórdida y muy común, pero tenaz.
 
 Este paquete de cuentos también forma parte de esa literatura que habla de la literatura, es decir, de la ficción literaria, la ficción en medio de la ficción. Además del cuento en el que se hace mención a la escritura y el caos en las ideas que puede provocar el tratar de ordenarlas, hay cuentos como “Doy explicaciones” y “Sansón era argentino” que refieren a escritores afamados, conocidos y que, hoy en día, ya inscribieron para siempre sus nombres en la historia. En el primero se habla sobre el poema “El hombre imaginario” de Nicanor Parra y la reconocida forma de ser tan hosca del poeta chileno, y en el segundo sobre la personalidad retraída y misteriosa de Jorge Luis Borges, suscitadora en  tantas ocasiones de reportajes, comentarios y hasta libros de ficción como este mismo.
A la vieja usanza de la literatura cuentística de Cortázar, por mencionar una influencia evidente de Montero, los relatos tienen un vuelco entre un escenario y otro, es decir, se sobrepone lo poco intuitivo frente a un desenlace ya conocido de antemano por la mente del lector, o a un final que sea la cadencia de lo que se venga contando. Es que en rigor siempre existe un vuelco de 180 grados presintiéndose, muchas veces sin tenerse el tiempo —y realmente sin quererlo mucho— para descubrirlo mientras avanza la lectura.
En el prólogo, a cargo del mismo autor, se habla sobre la naturaleza de la primera publicación de los que llegan a convertirse en grandes escritores. De su conclusión puede argüirse algo como esto: el primer libro nunca es el conocido en un principio en el caso de los consagrados, sino que es uno de los últimos que empiezan a desempolvarse, cuando el rebuscar en la creación escondida en cajones y anaqueles de polvo es una buena manera de escudriñar por más. En este caso, es preciso recordar a José Saramago, que dejó de escribir de los 25 a las 40 años porque “no tenía nada que contar”. O quizás a John Kennedy Toole, rezagado porque solo fue aceptada la publicación de La conjura de los necios después de muerto; pues sucede que justamente él ya no existía cuando su buscó La Biblia de neón, publicación posterior pero de creación anterior, cuando Kennedy Toole tenía tan solo 16 años.
Entonces, ¿qué mejor que ser publicado joven? Tener un sitio ficcional de encaje en donde mirarse y ver cuánto se ha crecido es algo necesario, algo cuyo análisis vale hacerse.

 

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